¿Quién fue Juan el Bautista?

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Juan el Bautista es uno de los personajes más enigmáticos del Nuevo Testamento. Sabemos de él lo que nos cuentan los evangelios y la obra del historiador Flavio Josefo. Descubre en este post la verdad histórica acerca de este líder carismático judío que hace 2 mil años bautizó a Jesús de Nazaret en el río Jordán.

Juan el Bautista bautiza a Jesús en el rio Jordán cerca de Qumran donde vivían los esenios

 

¿Qué se sabe de la vida de Juan el Bautista?

  • Juan el Bautista predicó en el desierto del Judea, en la zona noroccidental del Mar Muerto.
  • Su mensaje contenía una fuerte carga apocalíptica.
  • Bautizaba con agua del río Jordán.
  • Se veía a sí mismo como la reencarnación del profeta Elías.
  • Tuvo muchos seguidores, a los que bautizó.
  • Bautizó a Jesús de Nazaret.
  • Fue condenado a muerte por Herodes Antipas bajo la acusación de rebelión.
  • Los seguidores de Juan el Bautista eran más numerosos que los de Jesús de Nazaret.
  • Algunos discípulos de Juan se sumaron al movimiento de Jesús.

 

El contexto histórico de Juan el Bautista

Durante el periodo del segundo Templo, algunos judíos abandonaban la ciudad para recluirse en el desierto. Consideraban que la vida urbana había corrompido la esencia del judaísmo, y el desierto era para ellos una manera de reencontrarse con la pureza espiritual. ¿Quién era Juan el Bautista y cuál era su relación con estos judíos piadosos?

El pueblo de Israel, según la mitología bíblica, había nacido en el desierto. Fue allí donde los antiguos israelitas recibieron la Torá y se convirtieron en una nación sagrada. Retirarse en el desierto, por tanto, era visto como una manera de conectarse con la historia de Israel. Porque el desierto, además, simbolizaba la esperanza escatológica asociada al fin de los tiempos. En el desierto comenzará la restauración de Israel.

Los judíos que se iban al desierto estaban convencidos de que la sociedad había tocado fondo moralmente. El Templo de Jerusalén sería pronto sustituido por otro y era necesario, para prepararse, alejarse de la vida urbana, que era corrupta. Grupos marginales de judíos ascetas, rebeldes y escatológicos salían al desierto de Judea para volver al estado original de espiritualidad.

     

 

 

La secesión del Templo de Jerusalén

Entre mediados y finales del siglo II a. C., tras la toma del control del Templo por parte de los asmoneos y la penetración del helenismo en la clase sacerdotal y política de Jerusalén, un grupo de sacerdotes creó un movimiento secesionista y se instaló en la zona del mar Muerto. Estos sacerdotes decidieron romper los lazos con el Templo de Jerusalén porque, según interpretaban, estaba contaminado por la corrupción y había quedado desautorizado como espacio sagrado.

¿Qué relación tiene este grupo, conocido como la secta de Qumrán, con Juan el Bautista?

 

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Juan el Bautista y el Templo de Jerusalén

Juan el Bautista era miembro de una familia de sacerdotes del Templo de Jerusalén, como indican las fuentes:

«Estaba Zacarías un día ejerciendo el servicio ante Dios en el turno de su grupo. Según el rito sacerdotal, le tocó en suerte entrar en el santuario del Señor a ofrecer incienso» (Lucas 1, 8-9).

El incienso era ofrecido en el Templo de Jerusalén dos veces por día: en la mañana, a primera hora, antes de comenzar con otros trabajos, y en la tarde, tras finalizar todos los servicios. Cada mañana se realizaba un sorteo con los sacerdotes que trabajaban ese día y así dividían entre ellos las tareas.

Pero para ofrecer incienso se llevaban a cabo un sorteo especial en el que participaban únicamente los sacerdotes que nunca antes habían tenido el privilegio de hacerlo. Los sacerdotes que ya habían ofrecido incienso en el pasado no podían participar de nuevo en el sorteo.

El Talmud de Babilonia explica el motivo:

«Que solo los sacerdotes que son nuevos en ofrecer incienso vengan y participen en la lotería […] Ninguna persona realizaba el servicio dos veces. ¿Cuál es la razón de esto? […] Porque trae riqueza» (Yomá 26a).

El ritual de ofrecer incienso en el altar, según la cultura popular de la época, traía bendiciones para el sacerdote que lo realizaba. Para que todos tuviesen la posibilidad de recibir la bendición de la abundancia, solo podía ofrecer incienso quien aún no lo había hecho.

En el caso de Zacarías, su bendición fue la fertilidad de Isabel y el anuncio del nacimiento de su hijo:

«Y se le apareció a Zacarías un ángel del Señor […] El ángel le dijo: No temas, Zacarías […] Tu mujer Isabel te dará un hijo al que pondrás por nombre Juan» (Lucas 1, 10-13).

Este relato cargado de elementos mitológicos coincide con varios pasajes del Talmud (Yomá 19b, Brajot 7b) en el que algunos grandes sacerdotes son honrados con la aparición de ángeles mientras ofrecen incienso en el altar del Templo de Jerusalén.

La historia de Zacarías, padre de Juan el Bautista, también nos sirve para comprender la importancia que el evangelio de Lucas le otorga a los servicios rituales que se realizaban en el Templo de Jerusalén. El Templo era un elemento central para el judaísmo de la época.

Según la misma fuente lucana, la casa de la familia de Juan se hallaba en una ciudad de las montañas de Judea. Es decir, Zacarías no pertenecía a la alta aristocracia sacerdotal de Jerusalén, sino a una familia de sacerdotes secundaria, de bajo rango, ubicada en la periferia.

No debe de sorprender, por tanto, que en su juventud Juan haya decidido alejarse de su casa para vivir en el desierto. Esta transición al desierto convirtió a Juan en un predicador judío apocalíptico. Vivía de manera ascética, como ermitaño.

 

Juan el Bautista y los esenios

En este sentido Juan podría haberse parecido a la secta de Qumrán. Tanto Juan como los qumranitas habían escogido para su alejamiento el mismo espacio geográfico: la costa noroccidental del mar Muerto, y coincidían en que Israel se encontraba a las puertas de la era mesiánica.

Los piadosos de Qumrán, que algunos identifican con los esenios, estaban obsesionados con la pureza y, como Juan, realizaban inmersiones rituales. En ambos casos, el exilio en el desierto y la predicación escatológica incluían una crítica implícita a la corrupción jerosolimitana.

El bautismo que Juan oficiaba en el río Jordán con el objetivo de purificar al pueblo antes de la era mesiánica implicaba una enérgica oposición al Templo de Jerusalén. Oposición que también estaba muy presente en la ideología de la comunidad de Qumrán.

El ambiente apocalíptico que impregnaba el judaísmo en aquel entonces propició que la fama de Juan aumentara rápidamente. Judíos de todas las regiones acudían a él para recibir el bautismo y preparase para el inminente advenimiento del reino de los cielos.

 

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¿Cómo murió Juan el Bautista?

El Evangelio de Marcos narra la decapitación de Juan el Bautista a manos de Herodes Antipas. 

Muerte de Juan Bautista a manos de Herodes

 

La tradición evangélica acusa a Herodes Antipas de la ejecución de Juan el Bautista. Según los evangelios, Juan criticó al tetrarca de Galilea por casarse con Herodías, la exmujer de su hermano.

El relato narra que la hija de Herodías, Salomé, danzó en una ocasión ante Antipas. El tetrarca quedó tan complacido por el baile que le ofreció que escogiera cualquier cosa como premio. Salomé, influenciada por su madre, pidió la cabeza de Juan el Bautista. En consecuencia, Antipas ordenó la decapitación de Juan, y su cabeza le fue entregada a la chica en un plato.

En Antigüedades Judías, obra del historiador Flavio Josefo, existe también información sobre Juan el Bautista. Esta información confirma que Juan fue decapitado por orden de Herodes Antipas, indicando que esto tuvo lugar en la fortaleza de Maqueronte. 

Flavio Josefo cree que el motivo por el que Herodes Antipas detuvo a Juan y posteriormente lo ejecutó en Maqueronte fue porque lo consideraba un líder rebelde potencial. Tenía muchos seguidores que creían, junto con Juan, en la inminente llegada del Reino de los Cielos. Esta predicación apocalíptica implicaba la necesidad de rebelarse contra los mandatarios terrenales y sus aliados.

Es resumen, la predicación de Juan el Bautista suponía una amenaza tanto para Roma como para la familia herodiana. 

 

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